Mostrando entradas con la etiqueta orígenes del terror. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta orígenes del terror. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de julio de 2026

El Castillo de Otranto

El castillo de Otranto, de Horace Walpole, marca el inicio de lo que consideramos la literatura de terror como tal y básicamente inauguró lo que conocemos como el género del terror gótico. Publicada en 1764, el autor originalmente la vendió como un manuscrito impreso en Nápoles en el siglo XVI, que se había encontrado en el ático de una familia del norte de Inglaterra y que se había traducido para el público inglés. El prefacio original es muy gracioso porque el "traductor" alaba incesantemente las cualidades y el genio del texto y justifica todas sus decisiones para que no le critiquen. Por entonces no había nada parecido publicándose, y Walpole quería algo más entretenido que los textos políticos a los que estaba acostumbrado a leer, así que se tiró a la piscina con este libro, inspirándose en una pesadilla que tuvo una noche. Tras el éxito de su primera edición, ya se publicó con su nombre y con el subtítulo Una historia gótica. Curiosamente, una vez se supo que no era un manuscrito antiguo, muchos de los críticos que habían alabado la obra en un principio renegaron de ella después.

La historia comienza el día de la boda entre Conrad, hijo de Manfred, Príncipe del señorío de Otranto, e Isabella, su protegida. Manfred tiene mucha prisa en casar a su hijo y que engendre un heredero por una antigua profecía que vaticina que perderá el castillo cuando el legítimo propietario crezca tanto que ya no quepa en él. Pero de camino a la capilla Conrad es aplastado por un yelmo gigantesco que cae del cielo. Manfred, cuya otra única descendencia es su hija Matilda, decide que la única opción que le queda es divorciarse de su esposa y casarse él mismo con Isabella para que esta le dé nuevos herederos. La chica, horrorizada, huye del castillo con la ayuda de Theodore, un campesino que pasaba por allí y que guarda un gran parecido físico al señor original del castillo.

Estamos ante una novela corta no demasiado complicada de leer cuyo mayor atractivo es ver cómo
sienta las bases de un género tan sobradamente conocido: aquí tenemos castillos medievales, mazmorras, pasadizos secretos, doncellas en apuros, profecías que vaticinan un futuro aciago, un héroe humilde que se mete en todo el percal, amores puros, espectros que deambulan por los pasillos aterrorizando a todo el mundo, relaciones familiares secretas... Y cómo no, el villano de la función, Manfred, que quiere salirse con la suya a toda costa.

Es una lectura entretenida aunque obviamente no está tan pulida como otras obras que han venido después y que han perfeccionado estas bases que planteó Walpole. No es una narración llena de sutilezas, precisamente, las reacciones de los personajes son muy exageradas, muchas escenas dan más risa que miedo, y es la antítesis del "enseña, no cuentes". Está bien para lo que es teniendo en cuenta que fue la primera y su valor es más histórico que literario, pero vale la pena leerla porque tampoco es muy larga y a mí personalmente me encanta conocer los orígenes y ver cómo han influenciado a todo lo posterior.

Eso sí, se te cae un poco el alma a los pies al ver cómo el hombre despiadado que se aprovecha de chicas jóvenes e indefensas es algo que ha existido siempre, aunque al menos en este tipo de historias la justicia suele prevalecer ante la tiranía.

En España la novela está publicada por varias editoriales, la edición más notable es la de Valdemar dentro de su colección gótica junto a una obra de teatro de Matthew Lewis y una obra temprana de Percival Shelley. También la tienen editada en su colección Diógenes.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Los inicios del terror: la literatura gótica

En anteriores entradas ya hemos visto que el terror en sí existe prácticamente desde que el ser humano aprendió a comunicarse verbalmente y que en lo que es la literatura nos podemos ir hasta Dante y sus vívidas descripciones del infierno, pero si queremos concretar más podemos poner el punto de partida en 1764 con la publicación de El Castillo de Otranto, de Horace Walpole, con la que nació lo que llamamos la literatura gótica. Algunas de las características que asociamos con este tipo de literatura son ambientaciones tétricas en castillos, abadías o monasterios, leyendas o profecías que alertan de un peligro futuro, elementos sobrenaturales a priori inexplicables, tiranos que hacen la vida imposible a sus lacayos y héroes que se alzan para combatirlos.

El nombre del género deriva del término utilizado durante el Renacentismo para referirse a algo como medieval y bárbaro, de forma peroyativa, ya que la palabra se originó en la arquitectura gótica desarrollada por el pueblo godo. 

Horace Walpole, insatisfecho con la calidad de la literatura de su época, decidió coger el toro por los cuernos y publicar él mismo una novela afín a sus gustos. Pero no estaba muy convencido de que fuera a tener éxito y para evitar una posible humillación la publicó de forma anónima arguyendo que se trataba de una traducción de un antiguo texto italiano de 1529 descubierto en la biblioteca de una familia católica (el prefacio de esta primera edición es divertidísimo porque el mismo Walpole alaba con entusiasmo al autor del texto, echándose flores a sí mismo sin ningún pudor). El éxito de la novela hizo que se reeditara de nuevo ya con su nombre y con el subtítulo de "una historia gótica", siendo la primera vez que el término es utilizado en una novela.

Walpole influenció a varios autores de la época, entre ellos Clara Reeve con su The Old English Baron, publicado en 1778, en cuya introducción la autora nombra directamente a Walpole como inspiración para su novela, que sigue los pasos de Otranto pero con un tono algo más sobrio. En 1786 se publicó Vathek, de William Beckford, que destaca entre la novelas de este período por su ambientación arábica.

Pero por supuesto si hay un nombre propio en estos primeros años de la literatura gótica es el de Anne Radcliffe, que con sus cinco novelas se convirtió en la escritora más popular de su época, incluyendo a autores masculinos. Radcliffe se ganó su éxito a base de manejar con maestría el misterio en sus historias, dotándolas de elementos a priori sobrenaturales que terminaban por tener una explicación racional, y con heroínas tenaces que se tenían que enfrentar a numerosos peligros. Los misterios de Udolfo es su novela más famosa y su obra inspiró a autores como Jane Austen (que parodia el género en La abadía de Northanger), Mary Shelley o Walter Scott.

En 1796 se publicó El Monje de Matthew Lewis, que es para algunos el verdadero inicio del terror moderno y que en su momento causó una gran controversia por su contenido sexual explícito, lo que a su vez la hizo ser tremendamente popular. La propia Radcliffe quedó tan escandalizada tras leerla que escribió su novela El Italiano como respuesta.

Otra de las novelas destacadas del siglo XVIII es Wieland de Charles Brockden Brown, la que se considera la primera novela gótica estadounidense.

Frankenstein de Mary Shelley se publicó en 1818 y podemos decir que, junto a El Vampiro de Polidori de 1819 marcó otro punto y aparte en el género gótico aunque expertos marcan el final de la primera época entre 1820 (con la publicación de Melmoth el Errabundo, de Charles Robert Maturin y La Leyenda de Sleepy Hollow de Washingon Irving) y 1824 (con la publicación de The Private Memoirs and Confessions of a Justified Sinner de James Hogg). 

Es a partir de 1826 que comienza la segunda época, el terror gótico victoriano, en la que se darían a conocer autores como Poe, Sheridan LeFanu, Wilkie Collins, Oscar Wilde, H.G. Wells, R.L. Stevenson, Arthur Machen, Bram Stoker y por supuesto las hermanas Brontë. Pero de esta época hablaremos más adelante.

En los próximos meses daremos un repaso en este blog a las obras más emblemáticas del siglo XVIII y principios del siglo XIX empezando, cómo no, con El Castillo de Otranto. ¿Nos acompañaréis en el viaje?

lunes, 12 de agosto de 2024

Defoe y los fantasmas

Aunque el consenso es que fue la publicación de El Castillo de Otranto  en 1764 la que marcó el inicio del género del terror tal y como lo conocemos ahora, tranquilamente nos podemos ir más atrás a la hora de seguir la cronología de cómo ha ido evolucionando el terror a lo largo de los siglos.

Dice la RAE que para que una obra literaria o cinematográfica pertenezca al género del terror ha de buscar causar miedo y angustia en el lector o espectador. Tal vez no conscientemente, pero historias que han provocado miedo o angustia en las personas se han dado desde que existe la comunicación propiamente dicha. ¿Acaso no ha habido toda la vida historias sobre qué hay más allá de la muerte, sobre dioses y demonios, sobre criaturas espeluznantes que acechan en la oscuridad? Obras con temáticas sobrenaturales las ha habido desde mucho antes que Otranto: de hecho, podríamos poner perfectamente el inicio del género a principios del siglo XIV con la publicación de La Divina Comedia de Dante, que nos ofrece una de las descripciones más vívidas sobre el infierno que nos ha regalado la literatura. Tampoco podemos olvidarnos del polémico Malleus Maleficarum, tratado sobre brujería que fue utilizado en la inquisición como base para cazar a supuestas brujas, o los fantasmas de Hamlet de Shakespeare, o el Paradise Lost de Milton.

Metiéndonos ya de lleno en el siglo XVIII, hoy vamos a hablar de una historia corta titulada The Apparition of Mrs. Veal, que es considerada por algunos expertos como la primera historia de fantasmas moderna. Publicada en un panfleto en 1706 de forma anónima, su autoría se atribuyó a Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe. Presentada como una historia real, narrada por una mujer que asegura conocer a la protagonista de los hechos y que responde por su credibilidad, nos narra cómo una mujer, la señora Bargrave, recibe la visita de una vieja amiga, la señora Veal. Inseparables desde pequeñas por sus amargas circunstancias comunes, pese a prometerse amistad eterna con la edad adulta se fueron distanciando la una de la otra, así que para la señora Bargrave es toda una sorpresa que su antigua amiga se presente por sorpresa en su casa, asegurando que está a punto de partir a un largo viaje y quería verla antes de marcharse. Ambas pasan casi dos horas juntas, rememorando buenos tiempos y hablando de religión. La señora Veal le pide a su amiga que le escriba una carta a su hermano dándole instrucciones de qué hacer con una serie de objetos personales. Finalmente la señora Veal se marcha prácticamente sin darle oportunidad a su amiga de despedirse, aduciendo que tiene que ir a visitar a un primo suyo. Cuando la señora Bargrave va a casa del primo en cuestión a ver si encuentra allí a la señora Veal, se queda anonadada cuando le informan de que su amiga murió el día anterior a su visita.

Es un relato muy cortito, 24 páginas, en el que ambas amigas conversan sobre los sufrimientos que han padecido en vida y cómo no hay que preocuparse porque una vez crucemos al otro lado no solo estos sufrimientos cesarán, sino que nos abrirán las puertas al descanso eterno. Básicamente que Dios tiene un plan para nosotros, que nunca nos envía más de lo que podemos soportar y que hay que vivir con dignidad y aguantarlo todo para que podamos ir al cielo después, directrices que le serán más que familiares a los cristianos. Como historia de terror, más allá de la revelación de que la señora Veal era un fantasma, no tiene mucho más.

La versión gratuita que puede encontrarse en Gutenberg incluye un postfacio de autoría desconocida en la que se explica que Defoe escribió el relato como favor a un amigo suyo básicamente como publicidad de un texto religioso acerca de aceptar la muerte que se menciona varias veces en la historia, que hasta entonces no estaba vendiendo nada. Al parecer, la estrategia publicitaria funcionó a las mil maravillas.

Un texto curioso más por su valor histórico que por otra cosa al ser de las primeras historias de fantasmas registradas (y conservadas) en texto.

Que por cierto, el primo al que supuestamente debe visitar la señora Veal se llama Watson, y curiosamente en su conversación las dos amigas mencionan unos libros de un tal Dr. Sherlock... Cosas que te encuentras que te alegran el día.